Propuestas de cambio en España

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El estudio de Fedea-MacKinsey “Impulsar un cambio posible en el sistema sanitario”, señala que España tiene uno de los sistemas sanitarios mejor valorados, pero insiste en la necesidad de una reforma urgente.

En su introducción, el informe destaca que España parte de una buena situación. La esperanza de vida de los españoles es 81,1 años (1,3 años superior al promedio europeo) y los resultados clínicos están al nivel de los países más avanzados de Europa. Además, su coste es de los más bajos en EU-15 en términos de gasto total sobre el PIB y el segundo más bajo si lo comparamos en términos de gasto per cápita. A su vez, el sistema nacional de salud español es referente internacional por su universalidad y nivel de acceso en comparación con otros muchos países desarrollados. Sin embargo, el estudio mantiene que el sistema no es sostenible “ni a corto ni a medio o largo plazo”.

La encrucijada del sistema español

En 2007 el déficit de financiación acumulado por sanidad era de 11.000 millones de euros -un 20% del presupuesto total de sanidad de ese año-. Para este año, las comunidades autónomas esperan que el gasto real supere su presupuesto en un 10-15%; cifra que podría doblarse en el año 2010 y llegar a los 50.000 millones de euros en el 2020.

Dentro de diez años, 1 de cada 5 españoles tendrá más de 65 años, lo que supone que más de 10 millones de personas tendrán un coste sanitario entre 4 y 12 veces superior al resto de la población. Además, 6 de cada 10 españoles padecerá una enfermedad crónica -estos pacientes acaparan el 70% del gasto actual- y las mejora de las tecnologías incrementará la demanda.

Los recursos sanitarios tendrán que aumentar. El promedio de atención prestada al paciente por el médico de familia está hoy en 6,5 minutos y la tasa de ocupación en los hospitales públicos supera el 80%. Las listas de espera siguen siendo el único suspenso que recibe Sanidad.

Propuestas de mejora

1. Gestionar de manera más activa la demanda

Invertir más en prevención.

Gestionar más activamente el catálogo de prestaciones sanitarias y distinguir coberturas básicas y complementarias.

Fomentar un uso responsable de los servicios sanitarios por parte de los pacientes-usuarios con medidas que pueden ir desde la concienciación y la educación sanitaria, hasta el establecimiento de mecanismos de copago. En 2006 un español acudía al médico 8 veces al año, lo que supone un 40% más que el promedio de la UE-15. Las estadísticas reflejan que en España más de 80 millones de visitas al año no eran necesarias. Por otro lado, España tiene un gasto farmacéutico per cápita un 40% superior al promedio de los países de la UE-15.

2. Optimizar la oferta en calidad y coste

Fomentar la implicación de los profesionales en lograr los objetivos de calidad y eficiencia del sistema. En España los médicos son el grupo profesional, científico y cualificado con el porcentaje más elevado de contratos temporales y más de la mitad afirman no sentirse valorados.

Impulsar mejoras de productividad y eficiencia en los distintos niveles de provisión de asistencia y reducir su variabilidad sin perjudicar los resultados clínicos. En España hay diferencias muy importantes a nivel regional entre el uso de pruebas diagnósticas como el TAC, por ejemplo.

3. Asegurar un modelo sostenible a largo plazo

Fomentar la colaboración del sector privado, con distintos niveles de participación en la financiación y en la gestión de proveedores. Por ejemplo, se podría fomentar un mayor uso de los seguros privados para descargar al sistema público (vía desgravaciones fiscales). También se podría involucrar en mayor medida a agentes privados en la gestión o provisión de servicios financiados públicamente e incluso en la utilización de infraestructuras públicas de forma más eficiente.

Implantar mecanismos más sofisticados y transparentes de contratación de servicios sanitarios entre compradores y proveedores, estableciendo responsabilidades claras e incentivos.

Separar claramente las funciones de financiación, compra y provisión de servicios sanitarios y dotar de una mayor autonomía de gestión a los proveedores.

Barreras que dificultan el cambio

El debate sobre el cambio en el sistema sanitario no está en l agenda de temas prioritarios porque la sanidad es uno de los servicios públicos mejor valorados.

Históricamente los problemas se han solucionado inyectando más recursos.

Los pacientes tienen expectativas muy elevadas respecto al acceso, gratuidad y coberturas.

Los profesionales tienen que ser el eje central y el motor del cambio, pero no existen los incentivos adecuados para promover el cambio.

El coste político puede ser alto y los plazos políticos son cortos para imponer una reforma cuyos resultados se verán a medio y largo plazo.

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