A la pantalla grande, solo si un algoritmo lo aprueba

Sala de cine

Si el negocio del cine solía funcionar “por corazonadas”, según apunta Steve Rose en The Guardian, al parecer ya no será más así. “Ahora, el análisis de datos es más efectivo que los seres humanos en predecir éxitos y eliminar fracasos”, dice el crítico, quien se pregunta al mismo tiempo si esto no implicará la muerte de la creatividad.

La inteligencia artificial (IA) ya tiene poder de decisión sobre lo que se filma y lo que no. A principios de enero, Warner Bros. anunció la adopción de un sistema de IA, de gestión de proyectos, que ayudaría en la toma de decisiones sobre contenidos y talentos, de cara a “adoptar estrategias” de producción. El software ha sido creado por la startup Cinelytic, que ya trabaja con Sony Pictures e Ingenious Media.

Hasta el momento, señala Rose, Hollywood ha confiado en sus propias pruebas de audiencia, en su investigación y en la intuición humana. Pero también es una industria en que la mayoría de los filmes realizados no llegan nunca a las pantallas, y menos de la mitad de los que llegan recuperan la inversión.

¿Pueden hacerlo mejor las máquinas? Cinelytic lo da por seguro: dice haber procesado los datos de 95.000 películas y medio millón de actores y otros profesionales, y tener la capacidad hacer pronósticos cuantificables de las probabilidades de éxito. “Gracias a su interfaz de fácil manejo, los clientes pueden jugar con las variables y evaluar de inmediato el impacto en la taquilla”.

Si los productores se benefician claramente, el espectador puede no tenerlas todas consigo, pues la IA podría eliminar no solo el riesgo financiero, sino el creativo. “El temor es que, si introdujeras en la máquina un proyecto vagamente desafiante, experimental o atípico –por ejemplo, Mulholland Drive o Under the Skin–, el algoritmo te disuadiría de apostar por él”.

Asimismo, y dado que los datos que procesan esos algoritmos son realmente seres humanos falibles e impredecibles, pueden deparar sorpresas por el sello que estos les imprimen a sus vidas personales. Como ejemplo, cita a Robert Downey Jr., quien en 1999 fue condenado a prisión por delitos con armas y drogas. “¿Qué algoritmo lo habría recomendado para personificar a Iron Man?”, se pregunta Rose.

Otro asunto es si fiarlo todo a un programa cibernético, por la creencia de que una máquina no tiene prejuicios. “Es exactamente lo contrario”, opina Tabitha Goldstaub, emprendedora tecnológica. Como la IA parte de lo que de hecho ha funcionado y lo que no, “estos programas reforzarán nuestros propios prejuicios”. Rose lo ejemplifica con que ninguna mujer ha sido nominada como mejor directora en los Oscar de este año, y que solo cinco lo han sido alguna vez. “La IA bien puede concluir que si quieres una película que gane un Oscar, no contrates para ella a una directora”.

Para finalizar, el crítico alude a la paradoja de que han sido las propias películas de Hollywood las que nos han hecho sospechosa la IA: han creado terribles niños robots (A. I. Inteligencia Artificial, de Spielberg) e incluso peores parejas románticas (Her, de Spike Jonze). A veces han decidido que los humanos son prescindibles y que las máquinas se hacen cargo (2001, de Kubrick) o que nos esclavizan en alguna distopía futurista (Terminator, Matrix). ¿Será que, al abrazar la IA, Hollywood está construyendo, de manera inadvertida, el equivalente a las películas de Skynet en Terminator?”.

 

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