Muchos libros y pocos lectores

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Panorama de la edición en España
«Tú que puedes, no te lo pierdas», dice el eslogan de la campaña de promoción de la lectura que durante tres meses ha impulsado el Ministerio de Cultura español junto con los gremios de editores. Esta campaña ha coincidido con la publicación de un informe sobre la industria del libro (1), encargado por el Ministerio de Cultura. Una de sus conclusiones merece resaltarse: a pesar de que el informe refleja bajos índices de lectura y de compra de libros, el sector editorial no sólo no está en crisis sino que es «uno de los sectores económicos que ofrecen mayores atractivos para la inversión, campo para la innovación y perspectivas de futuro».

La campaña «Acércate a los libros», cuya segunda fase empezará ahora, tiene la doble intención de introducir el libro como claro objeto de compra y de destacar el valor de la lectura como conducta cultural arraigada, no como un entretenimiento esporádico más. Las asociaciones de escritores, editores, distribuidores, libreros y bibliotecarios, y el Ministerio de Cultura han invertido 470 millones de pesetas en la campaña. A la vez, los ministros de Cultura de la Comunidad Europea, reunidos recientemente en Copenhague, han planteado la necesidad de estudiar fórmulas de protección pública del libro, ante la creciente influencia de la televisión, sobre todo entre el público infantil. Parece como si todas las partes implicadas fueran conscientes de que el descenso de los índices de lectura de un país es una manifestación más de deterioro cultural.

Un 40% no lee libros

El detallado informe sobre el sector del libro analiza el estado actual de la edición en España: el sector en el entorno de las industrias culturales, datos sobre la demanda, las editoriales, las redes de distribución y comercialización, y las actuaciones del Estado en favor del libro.

Los resultados más llamativos corresponden al apartado dedicado a la demanda. Todavía hoy un 40% de la población de 18 o más años no lee nunca o casi nunca un libro, frente a un 60% de lectores habituales. Excluyendo los libros de texto, cada español adulto lee 5 libros al año. Esta cifra coloca a España en la decimosexta posición, por detrás de todos los países de la CE, salvo Portugal. Para el director general del Libro y Bibliotecas, estas estadísticas no son, sin embargo, homologables con el resto de países europeos. Federico Ibáñez cuestiona algunos datos de este informe porque «las cifras que se refieren a índices de lectura no incluyen a los menores de 18 años y tampoco ofrecen estadísticas sobre libros de texto, lo que sí sucede en los datos de otros países europeos. Yo tengo la impresión de que los españoles leemos más de lo que el informe asegura».

El hábito lector decrece con la edad, más en las mujeres que en los hombres. Pero eso no significa que los jóvenes españoles -que son los que más leen- dediquen mucho tiempo a esta actividad. Según este estudio, un imaginario joven de 15 a 19 años distribuye de esta manera su tiempo libre: 14 minutos a la lectura de libros, dos horas a ver la TV y 75 minutos a «charlar y/o tomar copas».

Bibliotecas poco frecuentadas

Del total de los libros leídos, un 73% han sido comprados o regalados; un 15% se obtienen en las bibliotecas y el 12% por préstamo de particulares. Incluidos los libros de texto, se compran en España un total de 131,8 millones de ejemplares al año, es decir, 3,3 libros por persona. Y otro dato significativo: más de un 10% de la población adulta, en 1985, no había comprado nunca un libro. Este apartado concluye con la afirmación de que la compra de libros «se perfila como actividad claramente urbana, relacionada con el nivel de formación académica de los individuos, y por ende, con los niveles superiores de la actividad laboral: técnicos, directivos, etc».

Aunque el sistema bibliotecario de 1990 representa una vía de acceso a la lectura cinco veces más importante que en 1975, sigue siendo insuficiente. A las 5.000 bibliotecas disponibles sólo ha acudido el 11% de la población. El informe afirma que, en España, las bibliotecas cumplen una función social limitada; además, su implantación muestra amplias lagunas y zonas de baja atención.

Muchos títulos y tiradas bajas

En 1992 aparecieron 50.644 nuevos títulos, un 15,4% de aumento con relación al año anterior. De ellos, 42.910 han sido publicados en castellano, 5.806 en catalán, 1.026 en euskera y 902 en gallego. 11.365 títulos corresponden a traducciones (5.686 del inglés, 1.810 del francés y 997 del alemán, entre otras). Si en 1991 se facturaron 385.530 millones, en 1992 la cifra ha ascendido considerablemente: 463.389 millones, gracias sobre todo al incremento de la exportación. Los países que más libros españoles importaron en 1992 fueron México, Argentina, Estados Unidos, Portugal, Colombia y Francia. España se sitúa, después de Alemania, en el segundo lugar de Europa en volumen de títulos editados por habitante.

La tirada de los libros ha sufrido también en estos últimos años cambios considerables. Si en 1980 la tirada media era de 9.222 ejemplares, en 1992 se ha reducido casi a la mitad, 5.104. Este descenso es más preocupante en la edición de libros técnicos: de los 8.633 ejemplares de 1970 se ha pasado a los 3.000 de 1990. Estas cifras se incrementan notablemente cuando se trata de tiradas medias de colecciones (7.400 ejemplares) y fascículos (622.500).

Concentración editorial

El sector del libro es, después de la prensa, el más representativo y estable de las industrias culturales. Pero se acusa una marcada tendencia a la concentración del mercado en grandes grupos editoriales. En España doce grupos consiguen casi el 75% de la facturación total del sector. Junto a la concentración como característica dominante destaca también la internacionalización. En España, el 32% del capital de las empresas editoras con más de 3.000 millones de pesetas de facturación es extranjero, y el 36% de las empresas pertenecen a grupos extranjeros.

El mayor volumen de ventas de libros lo siguen teniendo las librerías (48,4%), aunque se prevé una dispersión del mercado hacia otro tipo de establecimientos. En la actualidad hay en España 4.005 librerías, la gran mayoría pequeños comercios de carácter familiar: el 85% no supera los 200 metros cuadrados. De cara al futuro, el estudio confirma la estabilidad de las librerías-papelerías, la crisis de la librería clásica, el auge de la librería especializada y la instauración de las librerías especializadas-agrupadas y, en los grandes núcleos urbanos, de las librerías generales.

Estas librerías, situadas en supermercados y grandes almacenes, están determinando, a su vez, el diseño de nuevos libros destinados a este canal mayoritario de ventas. A diferencia de otros países europeos, en España las librerías se enfrentan con la competencia cada vez más frecuente de la venta de libros en quioscos, fenómeno que está alcanzando unas cifras de ventas sorprendentes. También en España es considerable la modalidad de la venta a crédito: un 16,8% del total.

Según este informe, los problemas más acuciantes con los que se encuentra el sector del libro en España son: el exceso de oferta, que bloquea los habituales canales de comercialización; los insuficientes medios que se destinan a la publicidad y a la promoción de novedades; la falta de medidas efectivas de apoyo al libro que contrarresten la mayor influencia de otros medios de comunicación; la escasa dotación de fondos bibliográficos; la competencia desleal de las ediciones institucionales -en 1989 representaban un 19% del total de los libros editados- y el aumento de la reprografía ilegal de libros.

Los representantes del sector reclaman de la Administración un reconocimiento del valor social y cultural del libro: «El tratamiento que debe dar el Estado al libro debe ser diferente al que reclama cualquier otro objeto de producción o consumo que no pertenezca a las industrias culturales».

Adolfo TorrecillaFabricar «best-sellers»

El panorama, sin ser desolador, es poco favorable. Las editoriales han reaccionado aplicando cada vez más el marketing a sus estrategias y proporcionando a los lectores una literatura basada en criterios comerciales, algo así como un complemento light de la televisión. Nada de complicaciones ni de minoritarios experimentalismos vanguardistas.

Las editoriales invierten en libros seguros, que pueden ser absorbidos en breve plazo por la demanda ya existente. La revista Actualidad Económica (Madrid, 21-I-93), en su reportaje «Manual para vender más libros», analiza las líneas de actuación de las cinco editoriales españolas que más facturan (Planeta, Plaza y Janés, Anaya, Santillana y Salvat).

El invento de los best-sellers es una consecuencia del cambio estratégico que se ha dado en las editoriales; las decisiones sobre planificación y programación dependen de los especialistas en la demanda, de los departamentos comerciales, que llevan el peso de la editorial.

El experimento de los best-sellers funciona; son autores o libros que atraen a un masivo número de lectores. Hay best-sellers naturales, consecuencia de su calidad literaria, y los hay prefabricados -los más-, fruto del marketing. Estos autores lo que hacen es confirmar en sus obras los gustos y las modas imperantes, sin admitir riesgos.

En España, un libro se considera best-seller cuando supera la barrera de los 10.000 ejemplares, aunque -y parece mentira- siguen sin existir datos fiables sobre las tiradas, ya que son las propias editoriales las que se encargan de facilitar las cifras.

Las listas de libros más vendidos que aparecen en la prensa son muy poco rigurosas y fácilmente manipulables. La gran mayoría de los best-sellers españoles, salvo los autores consagrados, proceden de calculados encargos editoriales; se busca un tema que interese a un masivo grupo de lectores, se selecciona un autor con nombre y… la fórmula resulta. Hay editoriales de renombre que se han especializado en este tipo de libros. Poco importa que muchos sean libros kleenex, de usar y tirar. A pesar de los bajos índices de compra y lectura de libros, los grandes grupos editoriales se las ingenian para buscar nuevas fórmulas para vender y para no perder el contacto directo con su público.

Pero esta manera de funcionar, que es la que se está extendiendo, tiene sus ventajas -se sigue publicando y vendiendo- y también sus serios inconvenientes: el libro se convierte en un artículo de consumo más, sometido como tantos otros al dictado de la moda, la publicidad y las leyes de la oferta y la demanda. En definitiva, como una mercancía más.

Adolfo TorrecillaLibros para bolsillos modestos

Las estadísticas dicen que son los jóvenes de 21 a 27 años los que muestran un mayor interés por la literatura, aunque no son precisamente los que tienen un desahogado poder adquisitivo. Conclusión: hay que potenciar colecciones económicas, asequibles a todos los bolsillos.

En España destacan Alianza, Alfaguara y la colección Austral de Espasa Calpe. Otra interesante experiencia es la oferta de obras que triunfaron hace años. La novedad es que estas colecciones se distribuyen en los quioscos (hay más de 25.000 en España) y no en las librerías, lugares que todavía tienen resonancias demasiado cultas. Algunos títulos han vendido más de 600.000 ejemplares.

Ante el éxito seguro, se anuncia un masivo desembarco de editoriales con ofertas en los quioscos, a la búsqueda del comprador poco habitual. Es éste un lector muy mediatizado por la publicidad televisiva, que compra fielmente los primeros volúmenes pero que luego suele abandonar. De ahí las drásticas caídas en las ventas de estas colecciones, que empiezan con tiradas que sobrepasan el medio millón de ejemplares.

Pero en España, en relación con el libro de bolsillo no se han dado experiencias tan revolucionarias como en Italia (cfr. servicio 31/93) y Francia, aunque los libros que el diario El Sol regalaba fueron un intento interesante.

En Francia han celebrado hace poco los 40 años del nacimiento en 1953 del Livre de Poche. Más de 700 millones de libros se han vendido desde entonces, con una oferta de 22.000 títulos. Las editoriales especializadas en este tipo de libros (Livre de Poche de Hachette, Folio, Points y Presse Pocket) controlan el 35% del mercado editorial francés, a pesar del descenso de ventas registrado en los últimos diez años: 20 millones menos de volúmenes. ¿Causas? La disminución de la lectura entre los 15 y 28 años. En 20 años, su índice de lectura ha bajado un 30%.

Adolfo Torrecilla_________________________(1) Estudio del estado actual y vectores estratégicos del cambio en el sector del libro, Fundación para el Fomento de la Información Automatizada (FUINCA), abril de 1993.

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