Una Berlinale más diversa

The Trouble With Being Born

“The Trouble with Being Born”, de Sandra Wollner, Premio especial del Jurado

 

Berlín.— El 1 de marzo terminó la 70ª edición de la Berlinale, la primera que se celebraba después de la “era Kosslick” –Dieter Kosslick dejó la dirección en 2019, después de 18 años–, en la que el Festival se fue convirtiendo cada vez más en un escaparate del cine políticamente correcto, por ejemplo en cuanto a la “diversidad”, en particular en materia de orientación sexual.

A Kosslick le ha sucedido una cúpula doble, formada por Carlo Chatrian como director artístico y Mariette Rissenbeek como gerente. La principal novedad que ha introducido la nueva dirección ha sido la eliminación de dos secciones (Cine culinario y Cine nativo) y la introducción de una segunda competición denominada Encounters que, según la propia Berlinale, “como contrapunto y complemento de la sección oficial, está dedicada a nuevas visiones fílmicas”. La nueva sección quiere ser un “reflejo de la energía de los diferentes modos de producción en el siglo XXI, que animen a una reflexión sobre la perspectiva del espectador”.

Efectivamente, las películas presentadas en esta nueva sección se diferencian de las de la sección oficial por sus apuestas estéticas –varias de ellas, en el formato antiguo 4×3 y en blanco y negro– e incluso por su duración: cinco de ellas, entre 70 y 88 minutos. La que inauguró la sección, Malmkrog, es todo lo contrario: sus 200 minutos dificultan llegar a los circuitos comerciales tanto como la breve duración de las otras. Pero Malmkrog, escrita y dirigida por el rumano Cristi Puiu y ambientada a finales del siglo XIX, destaca no solo por sus exquisitos diseños de producción y fotografía, sino también por su contenido. Puiu escribió el guion basándose en un texto del filósofo ruso Vladímir Soloviov, amigo de Dostoievski y cercano a la Iglesia católica. La película consta en realidad de las conversaciones que mantienen (por supuesto, en francés) los invitados del aristócrata Nikolái en su casa señorial.

“Malmkrog”, de Cristi Puiu

 

Los diálogos giran en torno al “alma rusa”, al “mal inevitable de la guerra”, pero principalmente sobre el bien y el mal, el progreso y la moral, las relaciones entre Dios y el hombre, y supuestas contradicciones en los evangelios, así como sobre la muerte y el anticristo. El filme no está estructurado linealmente, sino que muestra las conversaciones desde distintos puntos de vista, imponiéndose al final un cierto fatalismo, concorde con las ideas de Soloviov, quien al término de su vida estaba convencido de que la humanidad se dirigía al abismo. Con todo, y sin resultar artificioso, Malmkrog trata de cuestiones fundamentales de la condición humana. El Jurado de esta sección le concedió el premio a la mejor dirección.

Varias películas de la nueva sección, poco comerciales, tratan temas como el bien y el mal, la religión o el transhumanismo

De un tema explícitamente religioso trata otra película de la sección, Sluzobníci (Servants), del director eslovaco Ivan Ostrochovský. El filme, de 80 minutos de duración, se centra en dos jóvenes que, a comienzos de la década de 1980, ingresan en un seminario sacerdotal en Bratislava, donde pronto advierten que el Partido Comunista intenta destruir la unidad de los católicos checoslovacos. El clero está dividido entre los críticos al régimen, que mantienen contacto con el Vaticano y con medios occidentales, y los sacerdotes de Pacem in Terris, que colaboraron con los comunistas en Checoslovaquia entre 1971 y 1989. Fotografiada en un blanco y negro que subraya, también formalmente, los contrastes, y en formato 4×3, Ostrochovský y sus coguionistas muestran cómo los dos jóvenes, Juraj y Michal, han de decidir si se mantienen fieles a su vocación o se doblegan ante el Partido.

De transhumanismo versa una producción germano-austríaca, que se desarrolla cerca de Viena en un futuro próximo, y que mereció el Premio especial del Jurado: The Trouble with Being Born: Elli, un androide con apariencia de niña de diez años, centra toda su existencia en Georg, a quien llama papá. Cuando un día se pierde en el bosque, es recogida por unas personas que le dan una identidad nueva, cuya finalidad es llenar una decisiva laguna en el pasado de una anciana. Narrada desde la perspectiva del androide, la película de la austriaca Sandra Wollner ilustra el egoísmo de una sociedad (futura) en la que se pueden hacer a medida “miembros de la familia” como almacenes de recuerdos y emociones de aquellos que encargan androides, para quienes sin embargo esos sentimientos no significan nada.

Aunque otras películas de la nueva sección resultan algo más convencionales, aunque todas ellas presentan una estética que probablemente dificulte su acceso a los circuitos comerciales, y aunque habrá que ver cómo se desarrolla esta nueva sección en futuro, estas tres películas corroboran la intención anunciada de Mariette Rissenbeek y Carlo Chatrian de presentar en Encounters filmes que traten cuestiones fundamentales de la existencia humana, lo cual supone un interesante giro respecto a la “era Kosslick”.

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