Asistencia práctica para enfermos terminales. Consejos para la familia y para la hospitalización

TÍTULO ORIGINALSterbende begleiten

GÉNERO,

Herder. Barcelona (1996). 212 págs. 1.600 ptas. Edición original: Georg Thieme Verlag, Stuttgart.

Se escriben pocos libros de divulgación sobre la muerte y sobre los moribundos. Por eso es de agradecer este libro que orienta sobre el modo de ayudar eficazmente a los enfermos que afrontan la muerte. Pero su alcance va más allá. Escrito por el psicólogo alemán Oskar Mittag, vinculado a la experiencia de los cuidados paliativos, consta de ocho amplios capítulos dedicados al tema de la muerte, a glosar el modo de morir en la sociedad actual, y a sugerir una forma asistencial auténticamente digna para el trance tal vez más importante de la existencia.

Si se silencia este tema es porque, como afirma el autor, «hoy no estamos familiarizados con la muerte y porque la idea de la muerte nos angustia y nos desarma». (…) «Predomina hoy el deseo de no sentir la muerte y de ahí la renuencia de muchos médicos a informar y el intento de los parientes de engañar al enfermo y de hacerle concebir falsas esperanzas». Cuán distinta es la opinión de Oskar Mittag, para quien «vivir con la conciencia cierta de una muerte próxima es esencial para vivir los últimos tramos de la existencia de una manera importante y colmada».

En las sociedades desarrolladas -al menos hasta ahora- la gran mayoría de los ciudadanos acaban sus días en los hospitales. Pero algo está cambiando, y en los últimos años se han abierto algunas alternativas que hacen posible morir en el propio hogar. Ello supone una innegable carga asistencial, y estas páginas intentan facilitarla. Esto dota al libro de una utilidad extraordinaria.

Mittag abarca un amplio abanico de cuestiones: la historia de la muerte; cómo se muere hoy; el proceso psicológico del moribundo y sus etapas; la muerte real -desmitificada, sin idealizaciones innecesarias-; su vivencia en el medio hospitalario; la exigencia de informar al enfermo y el modo humano de decirle la verdad; la atención a los pacientes extranjeros y el respeto a sus tradiciones; la crudeza de las horas o de los días en la UCI; el acompañamiento familiar a los moribundos y su asistencia en el hogar; y, por fin, el momento de la muerte, rodeado de los seres queridos.

El libro es todo un muestrario minucioso de la asistencia clínica, pormenorizada y cálida -tender loving care, de los paliativistas- al moribundo: desde el cambio de ropa hasta el ramo de flores en la habitación del enfermo, pasando por un sinfín de detalles de cariño para mejorar su calidad de vida; y así hasta el final, cuando, por fin, la muerte sustituye a la vida. Entonces -dice el autor- «ya nada hay que pueda hacer por el difunto. Cuanto haga ahora hágalo por usted mismo. Déjese invadir por la serenidad. Rece usted. Abrace a sus seres queridos y dé libre curso a sus lágrimas. Ahora tiene usted mucho tiempo».

Opuesto al falso humanismo de la eutanasia, respetuoso con las tradiciones y los valores de sus pacientes, Mittag es, ante todo, un humanista que ha convivido con el dolor humano y que, en el espíritu de los cuidados paliativos, no duda en subrayar el valor terapéutico de la esperanza, de la esperanza de continuar sobreviviendo después de la muerte, y de reencontrarse con familiares y amigos queridos.

En el tercio final del libro, el contexto cambia y se introduce una breve historia de los cuidados paliativos, hoy ampliamente extendidos por Estados Unidos y Gran Bretaña, y en claro proceso de implantación entre nosotros. Los capítulos finales abordan la muerte de los niños, el duelo y la terapia del dolor, manteniéndose la tónica del interés y de la utilidad práctica que se propone el autor.

En suma, un libro aparentemente humilde, divulgador, sin pretensiones de erudición, que se convierte en un tratado de humanidad y sabiduría. Unas páginas que todos deberíamos leer y asimilar.

Manuel de Santiago Corchado

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