Calculando el riesgo del coronavirus

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Ante el coronavirus, las autoridades intentan establecer medidas que lo frenen sin dificultar en exceso la vida de la gente y la actividad económica. Para acertar, necesitan calcular el riesgo que supone la pandemia. Pero eso no es nada fácil en estos momentos, explica Adam Kucharski, un matemático que se dedica precisamente a eso. Kucharski trabaja en la London School of Hygiene & Tropical Medicine y es autor del libro The Rules of Contagion. James Gorman lo ha entrevistado para el New York Times. En primer lugar, el riesgo de muerte por coronavirus, como advirtió antes otro matemático, aún no se puede determinar. Haría falta, señala Kucharski, tener datos de una muestra muy grande de personas infectadas que hubieran completado el curso de la enfermedad. Entonces obtendríamos la tasa de mortalidad dividiendo el número de fallecidos por el total de casos (fallecidos más curados). Lo que no sirve, y más bien confunde al público, es dar el cociente entre muertos y casos contados hasta cierta fecha. Con ese método, al principio de la epidemia se obtuvo, con los datos de China, una tasa de mortalidad del 2%. Pero con los datos más recientes del mismo país, ahora sale un 4%. No ha habido un aumento de la peligrosidad del virus, sino “una ilusión estadística”, dice Kucharski. Con los datos disponibles, Kucharski estima que la mortalidad por coronavirus está entre el 0,5% y el 2% de las personas con síntomas. Los mayores, primero En segundo lugar, para fijar bien las medidas de precaución necesarias hay que estimar el riesgo de propagación del virus. Lo que, aclara Kucharski, depende de cuatro factores: duración, oportunidad, probabilidad de transmisión y susceptibilidad. La duración es el tiempo en que una persona infectada puede contagiar a otras. El riesgo es mayor cuanto más largo sea ese periodo. Para el coronavirus se estima una duración de una a dos semanas. De ahí que se recomiende una cuarentena de quince días a quienes hayan tenido contacto con una persona infectada. La oportunidad mide el número de personas que entran contacto con alguien infectado durante el tiempo en que puede contagiar. La probabilidad de transmisión es la de que el virus se ponga en circulación en un contacto, y la susceptibilidad, la de que alguien lo contraiga en una interacción. El producto de esos factores da el índice de propagación. Si en una población es mayor que 1, cada infectado contagia al menos a una persona y el virus se extiende; si el índice es menor que 1, la infección remite. El índice de propagación se baja reduciendo sus componentes. Lo más fácil sería disminuir la susceptibilidad con una vacuna. A falta de ella, hay que tomar otras precauciones. Con vistas a reducir la oportunidad, hay que saber que el coronavirus se transmite sobre todo en el contacto estrecho, por lo que evitar aglomeraciones ayuda a contener la epidemia. También sirven las medidas de higiene (lavarse las manos, no tocarse la cara…). Teniendo en cuenta todo eso, interesa concentrar las medidas de prevención en los puntos críticos. Es importante, dice Kucharski, observar “no solo la rapidez de la transmisión, sino dónde se da la transmisión”, para reducir la oportunidad ante todo en esos ámbitos. Otra prioridad son las personas mayores, que son mucho más vulnerables. Kucharski anota que la mortalidad general por coronavirus, alrededor del 1%, está muy desigualmente distribuida por edades. Para los más jóvenes, probablemente está en el 0,1%; pero entre los de 70 años o más puede pasar del 5%. Por eso, cuando se piensa cómo reducir la oportunidad, primero hay que preguntarse: “¿Cómo detenemos la transmisión a esos grupos en los que los efectos pueden ser realmente graves?”.
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