Son siempre interesantes los trabajos del ya consagrado Alain Tanner, con casi 20 largometrajes, que presentó esta película fuera de concurso en el Festival de Cannes 1996. Un poco demasiado larga, sin embargo la solidez narrativa y al mismo tiempo su soltura, y el dominio del lenguaje, la variedad de ambientes, encuadres y planteamientos dan como resultado una obra bien hecha y valiosa.
Una joven sin arraigo, sin moral, que mató a un hombre para no ser violada, es buscada por uno de esos morbosos programas televisivos. No sabe frivolizar su vida. Junto a situaciones obscenas, aunque adecuadas para su retrato, Tanner muestra, con natural y sincera hondura humana, el contraste entre la rica complejidad de la vida y la embrutecedora simpleza, cruel, de la televisión.
Pedro Antonio Urbina