La idea de delimitar las razas humanas a partir de rasgos como la diferente pigmentación de la piel, está en horas bajas: un equipo de la Universidad de Pensilvania ha logrado localizar con precisión en el genoma humano ocho variantes genéticas que influyen en el color –bien para hacerlo más claro, bien para hacerlo más oscuro–, y ha constatado su amplia distribución por todo el mundo y su persistencia durante milenios.
Según el New York Times, el equipo investigador –que ha publicado su hallazgo en la revista Science– se propuso encontrar los genes que intervienen en la producción de pigmentos. Para ello comenzaron a estudiar a personas con ancestros europeos y hallaron que las mutaciones de un gen denominado SLC24A5 provocaba que las células produjeran menos pigmento, lo que daba lugar a una piel más pálida. “Sabíamos bastante sobre por qué la gente tiene la piel pálida si tiene ancestros europeos, pero muy poco sobre los que tienen piel oscura”, afirma Nicholas G. Crawford, coautor del estudio.
La ampliación de la pesquisa a 1.570 personas en Etiopía, Tanzania y Botsuana arrojó como resultado el descubrimiento de un grupo de variantes genéticas causantes, en un 29%, de la variación del color. Una de ellas, la MFSD12, era particularmente misteriosa: no se conocía exactamente su función, por lo que se utilizó para alterar genes de ratones de laboratorio. Al hacerlo, los ratones se volvieron grises, con lo que se estableció que la variación podía afectar la producción de eumelanina negra y marrón.
No obstante, las ocho variaciones genéticas encontradas en individuos africanos resultaron estar presentes en muchas poblaciones fuera del continente. Así, una variante propia de la piel blanca, que se cree que se produjo hace unos 900.000 años, se ha encontrado tanto en europeos como entre los cazadores-recolectores de la tribu San, de Botsuana. Según el equipo, ya antes de la aparición del Homo sapiens, algunas de las poblaciones primitivas podían ser de uno u otro color, y eso cuando no se producía una mezcla de variantes.
La diferencia puede deberse asimismo a factores ambientales. La idea, señala el NYT, es que la a la gente que vive bajo una intensa radiación ultravioleta le beneficia tener pigmentos oscuros. En sitios donde hay menos luz, en cambio, las personas necesitan una piel más clara, que les permita absorber más el sol para sintetizar la vitamina D. La nueva investigación genética apoya esta explicación.