Superdotados: los superolvidados del sistema educativo

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Superdotados: los superolvidados del sistema educativo
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Javi se pasa horas y horas en silencio contemplando la puesta de sol sentado al lado de su caña de pescar. Le encanta la pesca. En realidad, le fascina todo lo que esté relacionado con el mar. Su casa está repleta de acuarios en los que cría diferentes tipos de peces y otros organismos acuáticos desde que era pequeño. Ahora tiene 14 años y su día favorito de la semana es el viernes porque por las tardes se sube literalmente encima de las olas en su clase de surf.

En sus ratos libres, YouTube consigue apaciguar (al menos, por unos instantes) su insaciable ansia por saber más sobre el fondo marino y sobre todo lo que en él sucede de manera paralela a lo que ocurre en la aburrida superficie. Durante los meses estivales, Javi es el niño más feliz del mundo. Sin embargo, cuando los días empiezan a hacerse más cortos y septiembre se asoma amenazante, la tortura de Javi regresa un año más.

Javi es un niño superdotado (es decir, con un coeficiente intelectual superior a 130) que odia ir al colegio con todas sus fuerzas. A lo largo de su corta vida ha pasado largas temporadas sin escolarizar porque nada lograba sacarlo de la cama para asistir, un día más, a lo que él considera una cárcel.

Quizá aquí algún lector, inducido por las películas y las series de televisión, se haya imaginado a Javi como ese típico niño repelente de pelo engominado y aparato en los dientes que no soporta ir al colegio porque, perplejo y algo indignado, no entiende por qué sus compañeros prefieren los mundanales cromos a la física cuántica.

En España, entre el 40% y el 50% de los superdotados fracasan en la escuela

Lo cierto es que Javi es un niño muy normal con intereses muy anormales. Disfruta de los cromos como lo hace cualquier otro niño de su edad y tiene un buen puñado de amigos con los que se ríe, discute, apuesta y se mete en líos. Como lo haría cualquier niño perteneciente al 98% de la población no superdotada. Pero Javi, además, se pregunta (desde hace ya mucho tiempo) qué sentido tiene existir, quién garantiza que sea mejor escoger el bien al mal, qué le aporta aprender a hacer raíces cuadradas y por qué las rayas de los pasos de cebra tienen que ser blancas. Javi necesita encontrar sentido a todo lo que hace y no lo encuentra en el colegio. Javi necesita ayuda.

Un 2% en apuros

Pero este artículo no va sobre Javi. Este artículo va sobre ese 2% de superdotados que, como Javi, aunque distintos a él, también necesitan ayuda para sobrevivir dentro de un sistema educativo que apuesta (y cada vez más) por una inclusión genérica y un aprendizaje personalizado.

Paradójicamente, esa inclusión genérica que extiende sus tentáculos tratando de integrar diferentes culturas, idiomas, sensibilidades, capacidades y conductas, deja fuera a los superdotados. En España, se estima que entre el 40% y el 50% de los superdotados terminan convirtiéndose en fracasos escolares, un porcentaje alarmantemente alto que contrasta con su elevado potencial cognitivo. Entre las causas más comunes, Javier Tourón, uno de los principales expertos en España en alumnos con altas capacidades intelectuales, destaca la falta de detección temprana, la desmotivación y el aburrimiento, los problemas emocionales o sociales, los enfoques educativos poco personalizados y la falta de formación específica por parte del profesorado.

Las sucesivas leyes educativas han dejado intacto, y desactualizado, el articulado referido a las altas capacidades

Existe una generalizada tendencia a considerar que estos niños pueden ir por libre. Si es verdad que son tan listos (siempre en condicional, con ese halo de escepticismo que en muchos casos rodea la vida de los superdotados, que suele ser de todo menos brillante), entonces si no sacan dieces es porque no quieren. Sin embargo, estos niños, que poseen un cerebro muy distinto al normo típico y que acceden a la realidad y al conocimiento de una forma radicalmente diferente a la de los demás, tienen tantas necesidades educativas especiales como las que pone a nuestra disposición el sistema educativo ante un niño con TDAH, síndrome de Down o que desconoce el idioma.

Leyes torpes para niños muy ágiles

Puede resultar sorprendente, pero la ley educativa actual (la LOMLOE), dejó intacto todo el articulado relativo a las Altas Capacidades Intelectuales que procedía de la anterior ley, de la LOE. Las Comunidades Autónomas tampoco se han ocupado en desarrollarlo después.

Es verdad que el artículo 71 de la LOE afirma que un niño con diagnóstico de Altas Capacidades Intelectuales es un alumno con NEAE (necesidades educativas especiales) y que, por tanto, tiene derecho a una respuesta educativa concreta, al igual que los niños con dificultades específicas de aprendizaje, con TDAH, que se han incorporado tarde al sistema educativo o que presentan unas determinadas condiciones personales o de historia escolar. Pero, por lo que a los niños superdotados o con altas capacidades intelectuales se refiere, la ley no se ha desarrollado de manera satisfactoria: la única previsión real se limita a que “se podrá flexibilizar la escolarización del alumnado con altas capacidades intelectuales, de forma que pueda reducirse un curso la duración de la etapa”. Pero “saltarse un curso”, con lo que ello supone de cambio de amigos, de entorno, de actividades, etc., no siempre es una solución eficaz para estos niños.

Diversos estudios y documentos oficiales, como los emitidos por el Ministerio de Educación y Formación Profesional de España y la OMS, afirman que los niños superdotados son hipersensibles y necesitan un contexto especialmente favorable para poder desarrollarse de manera integral. Su sensibilidad extrema, unida a una fuerte tendencia a la reflexión hace que en su entorno sean percibidos como más maduros que sus iguales. Sin embargo, ellos se sienten frágiles y vulnerables.

Su activación cerebral es de alta intensidad, lo que significa que el número de conexiones neuronales que realizan, así como la velocidad con la que estas se producen, son mucho más elevadas que las de las personas con una inteligencia media. Este hecho conduce irrevocablemente a un déficit de la inhibición latente, es decir, a una incapacidad cerebral para filtrar información irrelevante o secundaria del entorno. Es la victoria del caos frente al orden como consecuencia de exceso de información. Dicho llanamente.

Además, el pensamiento arborescente propio del superdotado hace que la asociación de ideas se produzca de una manera tan rápida que la estructuración mental se convierte en un proceso complejo y extenuante en el que, en muchas ocasiones, ni siquiera se puede acceder a las estrategias utilizadas durante la resolución de un problema. O sea, son capaces de resolver el problema pero no de explicar los pasos que han seguido para llegar al resultado correcto. Lo cual se convierte en un verdadero inconveniente cuando el enunciado de cualquier examen incluye la coletilla: “justifica tu respuesta”. Y la guinda del pastel de este peculiar cóctel es su propia, lúcida y dolorosa conciencia de lo que les ocurre.

Estos niños tienen una necesidad de saber y dominar irreprimible; un marcado sentido crítico y de justicia; una emotividad desbordante y, paradójicamente, una íntima convicción de ser inútiles.

Reflexión, creatividad, autonomía (y algo de colaboración)

Realizar un correcto acompañamiento integral a este tipo de alumnado resulta crucial para su éxito escolar y vital. Si se acierta en la forma de integrar sus altas capacidades, ellos serán los primeros beneficiados. Pero también los demás.

El alumno con altas capacidades intelectuales necesita una adaptación personalizada de las metodologías y estrategias pedagógicas con las que avanzar en su proceso de aprendizaje.

Resultarán especialmente apropiadas las metodologías que propicien formas de aprendizaje activas, reflexivas, autónomas, creativas. Estos niños requieren de un aprendizaje por descubrimiento, autorregulado, que incluya el razonamiento inductivo, que fomente la curiosidad, el análisis de situaciones complejas, la síntesis, la creación de conocimiento, el establecimiento de relaciones, la transferencia de conocimientos y el pensamiento crítico. Podrá ser beneficioso para ellos disponer de lecturas especializadas, conferencias, debates, cursos online o tutorías con expertos que sacien su motivación intrínseca, pues es esta la única que les pone en movimiento. También el aprendizaje basado en proyectos o problemas reales puede venir muy bien a este tipo de alumnado. Es bueno que sean ellos mismos quienes, de manera autónoma, escojan los temas o problemas del mundo real sobre los que quieran investigar en función de su interés, -contando, eso sí, con la ayuda y supervisión del quipo docente para la planificación del proyecto-. Serán necesarios enfoques complejos y multidisclipinarios que les permitan desarrollar su talento y creatividad.

A pesar de que los niños superdotados suelen preferir trabajar a solas, el trabajo cooperativo les brinda la oportunidad de afrontar retos complejos en equipo y ejercer el liderazgo, favoreciendo así el desarrollo de sus habilidades sociales y emocionales, la interacción y la colaboración con sus iguales. Una dosis de trabajo cooperativo, alternada con el trabajo individual y autónomo basado en proyectos de investigación personalizados resultará un buen combo para potenciar al máximo las capacidades de estos niños.

No podemos olvidar que grandes genios de la historia como Einstein, Edison, Darwin o Newton fueron estrepitosos fracasos escolares que supieron resurgir de sus propias cenizas. Pero ¿cuántos Mozarts se habrán quedado por el camino porque no lograron volver a levantar la cabeza?

Hay que trabajar por ellos, porque sufren. Pero también, y egoístamente, porque la sociedad necesita de mentes brillantes y divergentes que la hagan avanzar.