Bruselas.— Una hora y media. Una hora y media fue suficiente para que se agotaran las entradas de la Misa del Papa en Bruselas el domingo 29 de septiembre. No está nada mal en uno de los países situados recientemente como “de los menos religiosos del mundo”, donde un 50% se dice católico y un 2,5% se considera practicante.
¿Habrá sido precisamente eso lo que ha motivado al Papa? Oficiosamente, quizá. Como lo puede ser también el hecho de dirigirse, desde Bruselas, el corazón de Europa, a todo el continente y hacer una llamada a la esperanza, tema del viaje. Oficialmente, la razón ha sido la de conmemorar los 600 de la Universidad Católica de Lovaina, tanto la flamenca (en Lovaina) como la francófona (en Lovaina-la-Nueva), así como la beatificación de la hermana Ana de Jesús (1545-1621), natural de Medina del Campo, discípula de Teresa de Ávila y fundadora del Carmelo descalzo en Bélgica y Francia. En todo caso, el hecho de que haya renunciado recientemente a la invitación de los vecinos franceses a participar en la inauguración de Notre-Dame, el próximo mes de diciembre, convierte la visita a Bélgica en algo todavía más excepcional.
¿Tendrá razón John Allen cualificando el viaje como “uno de los más difíciles del Papa”? En todo caso, el país es complejo, así como su historia y sus instituciones… Muchas paradojas atraviesan la realidad de esta pequeña nación, cuna del surrealismo y campo de batalla de muchas guerras europeas. La cultura germánica de los flamencos, al Norte, (60%) suele chocar con la latina de los francófonos, al Sur (40%). Todo esto ha hecho del belga medio un campeón del “consenso”, del saber negociar, del saber llegar a acuerdos sin confrontación. O dicho en palabras de Francisco ante la Nación: “Se podría decir que Bélgica es un puente (…). Un puente, para permitir que la concordia se expanda y las controversias se disipen”, recalcando la importancia que tiene el país en la construcción europea. Un discurso en que también alertó sobre el “invierno demográfico” del país y de Europa, considerándolo, junto con la guerra, como una de las calamidades actuales de este momento.
Impacto internacional
La dimensión internacional ha estado obviamente muy presente. El Papa ha hablado en Bélgica en una semana de grandes acontecimientos internacionales (Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, la guerra de Israel, los recientes ataques al Líbano y la continuación de la guerra de Ucrania), haciendo alusión explícita y en varias ocasiones a estas preocupaciones mundiales y pidiendo en concreto el cese el fuego en el Líbano y en Israel.
El Rey describió al Papa como un “peregrino que lleva un mensaje universal de paz, reconciliación y justicia”
Este papel fundamental del Papa en la escena internacional fue aplaudido por el Rey Philippe. Recalcó cómo el Papa envía un mensaje de humanidad, cuando nos recuerda la importancia de los más pobres, los más distantes, o aquellos afectados por el cambio climático o las guerras olvidadas. De hecho, durante estos días, el Papa ha añadido al programa oficial (ya en sí extremadamente cargado) varios encuentros que concretan sus palabras: una visita sorpresa a un asilo de ancianos para pobres (Les petites soeurs des pauvres), un desayuno con personas desfavorecidas y un encuentro petit-comité con dos familias de inmigrantes.
El rol de los reyes belgas
El papel de los reyes Philippe y Mathilde ha sido destacable. Ambos fueron a recibirlo cuando llegó procedente de Luxemburgo –primera etapa del viaje pastoral– al aeropuerto militar de Melsbroek, algo que no han hecho con ningún jefe de Estado. Le han acompañado y manifestado su cariño durante todo el fin de semana. El Rey se dirigió al Papa como un “peregrino que lleva un mensaje universal de paz, reconciliación y justicia. Una persona que recuerda que cada persona está destinada a ser amada y a amar”.
Grande fue la sorpresa cuando se supo que le acompañaron a rezar delante de la tumba del rey Balduino el sábado… Y mayor cuando al día siguiente, domingo, al final de la Misa multitudinaria, el Papa anunció que se va a abrir el proceso del rey Balduino. Estalló un aplauso en el estadio, inmensa alegría en los corazones de muchos católicos, y bastante polémica en la opinión pública por el hecho de que el rey se opuso a sancionar la ley del aborto en 1990. Frente a esas contestaciones el Papa, durante el vuelo de regreso, no dudó en afirmar que el rey había sido muy valiente al no firmar “una ley de muerte”, y lo hizo… “porque era santo”.
En la universidad
Con el mundo universitario flamenco, en la Universidad Católica de Lovaina (KUL), el Papa felicitó a la universidad por su acogida a los emigrantes y les animó a ampliar su conocimiento y a seguir siendo “una ventana abierta en el mundo”. También les señaló los “males de nuestra época”: el pensamiento débil, la renuncia a la búsqueda de la verdad y el racionalismo sin alma.
En la Universidad de Lovaina la Nueva (UCL), francófona, a pesar de que el encuentro se anunciaba “delicado”, fue recibido con mucho entusiasmo por los estudiantes, que habían preparado unas preguntas a raíz de Laudato si’ y el papel de la mujer en la sociedad y en la Iglesia. Francisco evitó con mucha diplomacia y humor algunos temas controvertidos y también les invitó a desconfiar de las ideologías dominantes. Su discurso levantó algunas críticas e incluso la universidad publicó un comunicado inmediatamente después para distanciarse y desaprobar las “posiciones conservadoras sobre el papel de la mujer”.
Al margen de estos encuentros con profesores y estudiantes, el Papa se escapó el sábado por la noche al festival para jóvenes Hope Happening, en el que participaron casi 6.000 jóvenes de todo el país. En medio de conciertos, stands, adoración y confesiones, se anunció su llegada inesperada una hora antes, y allí improvisó unas palabras llenas de humor, sin dejar de pedir que “no olvidaran la oración, ni la esperanza, que viene del Señor”.
Con los actores de la Iglesia
Bélgica es un país donde conviven muchas tendencias e intereses. De hecho, las fuerzas políticas al origen del país en 1830 no pueden ser más opuestas: los católicos y los librepensadores (léase francmasones). Estos últimos son, por cierto, uno de los “cultos” financiados por el Estado (junto con el católico, el Islámico, el protestante, el anglicano, el ortodoxo y el israelita). La Iglesia en Bélgica suele ejercer también y tan bien ese deporte del matiz, del consenso.
La Iglesia en Flandes pasa actualmente una crisis que algunos califican de “adolescencia”. Se puede decir que se trata de la misma ola que pasó hace 40 años en Francia y hace 20 en la Iglesia de Valonia. En una zona donde un catolicismo muy oficial y sobre todo “sociológico” estaba muy instalado hasta los años 70, ahora reina más bien un espíritu de revancha, de emancipación. La Iglesia está considerada como “muerta”. O como criminal, ya que los casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes, han sido más numerosos y más sonados en Flandes.
Francisco alentó a trabajar “al servicio de una cultura capaz de afrontar los retos actuales que nos impulsa a buscar, abrir espacios para nuestro pensamiento y acción, hasta conducirnos a la plenitud de la verdad”
Basta recordar el caso del antiguo obispo de Brujas, Roger Vangheluwe, que dimitió en 2010 después de haber reconocido haber abusado de su propio sobrino: su dimisión del estado clerical ha sido una de las condiciones que ha puesto el gobierno para aceptar la visita del Santo Padre. El Papa en el viaje ha hablado repetida y duramente contra los abusos a menores y se ha reunido durante dos horas con 15 víctimas. En palabras de una de ellas: “Fue muy empático. Escuchó realmente. Estaba avergonzado y sobre todo muy triste. Lloró”. Este testimonio claro y contundente ha sido necesario para la sociedad en Bélgica. El Papa Francisco ha exigido que se juzgue a las personas que han cometido abusos sexuales, ya sean laicos, clérigos y obispos (a buen entendedor…). En la Misa del domingo, con más de 39.000 personas afirmó: “El mal no debe ocultarse. El mal debe ser sacado a la luz”. En la Misa también habló de misericordia y compasión con los que sufren, incluidos los solicitantes de asilo y los refugiados, en el día internacional del refugiado.
En la basílica de Koekelberg animó a todos los actores de la Iglesia (sacerdotes, religiosos, catequistas) a evangelizar sobre todo a través de la alegría de su predicación y de sus celebraciones. El Papa ha hecho un guiño al surrealismo belga con una alusión a una obra de Magritte, El acto de fe, que “representa una puerta cerrada por dentro, pero con una abertura en el centro: está abierta hacia el cielo. Es una abertura que nos invita a ir más allá, a mirar hacia delante y hacia arriba, a no encerrarnos nunca en nosotros mismos”. Citando a Joseph Ratzinger, aludió a una regla del discernimiento: “Donde muere el humor, ni siquiera existe el Espíritu Santo […]. Y viceversa: la alegría es signo de gracia”.
A muchos les ha llamado la atención las numerosas paradas y bendiciones de niños en cada uno de los trayectos, saltándose el protocolo y ofreciendo una imagen cercana, humana y familiar.
Mensajes claros y contundentes
El Papa ha hablado de paz, de solidaridad, de justicia, del medio ambiente y ecología, del papel clave de la mujer y su complementariedad con el hombre, de confianza en Dios: “Dios es cercano, cuida de nosotros y no permitirá que la muerte tenga la última palabra”. Ha pedido a Dios que bendiga el trabajo, “al servicio de una cultura capaz de afrontar los retos actuales que nos impulsa a buscar, abrir espacios para nuestro pensamiento y acción, hasta conducirnos a la plenitud de la verdad. Se necesita una cultura inmersa como buena ‘levadura’ dentro de nuestro mundo, contribuyendo al bien de la humanidad. ¡Esta responsabilidad, esta ‘gran esperanza’ está confiada a vosotros!”, ha dicho a los cristianos.
La esperanza se atisbaba en buena parte de los católicos y de la Iglesia en Bélgica: el número de catecúmenos se ha multiplicado por 2 en los últimos 10 años, muchos jóvenes se acercan a la fe y a la práctica religiosa (a menudo en contra de sus familias), existen espacios de adoración y de confesión en cada vez más lugares, tradiciones de piedad popular resurgen de sus cenizas… La Historia dirá cuál será la herencia del Papa argentino en el pueblo y en la Iglesia belga, de la que se despidió con un “¡Gracias a todos!”, y un “en route, avec Espérance”.
3 Comentarios
Gratias
Articulo muy completo.
Muchas gracias por este bonito artículo