Benedicto XVI, recordado por su servicio a la verdad y a la libertad

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Benedicto XVI, recordado por su servicio a la verdad y a la libertad

Benedicto XVI en una visita a Bagnoregio (Italia) en 2009 (Giacomo Morini / Shutterstock)

 

Entre los numerosos comentarios y semblanzas sobre Benedicto XVI, publicados a raíz de su muerte, seleccionamos algunos que se detienen en su aportación a la Iglesia y a los debates contemporáneos.

Pensador y creyente radical

Peter Seewald, biógrafo de Benedicto XVI y autor de varios libros-entrevista con él, ha publicado en kath.net una semblanza en la que pone de relieve su figura histórica.

“No es casualidad que el historiador británico Peter Watson cuente a Benedicto XVI entre los ‘genios’ alemanes, justo al lado de gigantes como Beethoven, Hölderlin y Kant. Entre sus contemporáneos no hay nadie que le iguale. Joseph Ratzinger hizo historia ya como perito del Concilio. Sin su influencia, su valentía para ir contra corriente, sus directrices para la renovación de la Iglesia, el Vaticano II no habría sido el mismo. Como guardián de la fe, trabajó junto a Juan Pablo II durante un cuarto de siglo para garantizar que la nave de la Iglesia mantuviera su rumbo en la tormenta de los tiempos”.

“Benedicto XVI encarnó una nueva inteligencia en el conocimiento y enunciado de los misterios de la fe; pero no se dirigió solo a un determinado grupo de personas, sino que supo llegar tanto a los intelectuales como a los fieles sencillos, y al mismo tiempo defendió la piedad del pueblo llano frente a la fría religión de los catedráticos. Convencía no solo por su discernimiento, sino por la autenticidad de una vida totalmente centrada en el seguimiento de Cristo. No podía vivir de otra manera que como enseñaba. Joseph Ratzinger no solo fue un pensador radical, sino también un creyente radical que nunca se dejó manipular por los cargos y las posiciones que ocupó. Su drama fue tener que resistir, salvar lo que corría peligro de perderse. Y recuperar lo que al parecer ya se había perdido en las olas de la destrucción. No le preocupaba lo que querían las modas de los tiempos ni los medios de comunicación, sino lo que quería Dios”.

Profundidad y sencillez

Un retrato semejante hace en la revista Tichys Einblick Peter Hahne, protestante, que fue presentador de televisión y miembro del Consejo de la Iglesia Evangélica de Alemania.

“¿Qué recordaré de Benedicto XVI? Los tres discursos durante su inolvidable visita a Alemania en 2011 fueron explosivos desde el punto de vista político y eclesiástico. Despertó desesperadas fricciones entre sus oponentes; desde sus propias filas surgieron malinterpretaciones deliberadas. La ‘élite’, espiritualmente desnortada, de nuestros teólogos y políticos enloqueció: la más clara señal de que había dado en el clavo. Su mayor dolor ha sido que el catolicismo alemán haya seguido el camino suicida de la Iglesia evangélica alemana”.

“La disputa, en 2004, de Ratzinger con Jürgen Habermas, la cabeza de la filosofía del 68, es todo un hito intelectual” (Peter Hahne)

“Su predicación era teológicamente cautivadora y bíblicamente inequívoca. Y era francamente sencilla en su confianza casi infantil en Jesucristo. Conjugó sencillez y profundidad como prácticamente ningún otro Papa o erudito. Todo pietista luterano puede suscribir su trilogía sobre Jesús. Quienes la lean ‘anónimamente’ creerán estar escuchando a uno de los antiguos Padres de la Iglesia: centrada en Jesucristo, sin querer congraciarse con las modas imperantes. Contrarrestó –de manera atractiva, fina, muy intelectual y sin polémica– las superficialidades de los denominados teólogos que predican desde el púlpito y las cátedras. La disputa, en 2004, de Ratzinger con Jürgen Habermas, la cabeza de la filosofía del 68, es todo un hito intelectual. Al final, fue el marxista quien tuvo que ceder: ‘Ustedes los cristianos tienen recursos que nadie más puede ofrecer’, dijo”.

También el teólogo español Olegario González de Cardedal resalta en ABC la importancia de una de las intervenciones de Benedicto XVI en Alemania, concretamente la que tuvo en el Parlamento, así como de otras ante instituciones seculares. “En estos marcos está en primer plano la pregunta por los fundamentos de la sociedad civil, la validez y las amenazas a la democracia, la sustitución de la voluntad de verdad por la voluntad de poder, con la consecuencia de un relativismo que es una amenaza para la persona y un riesgo para la sociedad. ¿Cuáles son los límites morales del poder del hombre?, ¿se pueden defender los derechos fundamentales sin el cultivo de valores fundamentales?, ¿está agotada la democracia por haber olvidado o negado su fundamento? Estas cuestiones han sido objeto de análisis por Ratzinger en los encuentros que ha mantenido en diálogo con intelectuales, como el de Múnich con Habermas. No bastan el poder y el saber, la ciencia y la política, para una defensa de la humanidad de cada hombre y de la vida en sociedad. Están en juego la sacralidad, la trascendencia y la dignidad del ser humano”.

Defensor de la Ilustración

Brendan O’Neill, director de Spiked, subraya en Benedicto XVI su defensa de la razón y de la libertad humanas.

Comienza su artículo recordando la campaña contra la visita de Benedicto XVI al Reino Unido en 2010, promovida por los “nuevos ateos” –Richard Dawkins y otros–. “Este espectáculo de denigración de Benedicto –escribe O’Neill– encerraba una profunda paradoja. Pues este hombre a quien les encantaba odiar, el ‘Papa Ratzinger’, como le llamaban despectivamente, era un defensor de la razón mucho más apasionado que ellos. Era también un estudioso de la Ilustración más riguroso. E hizo más de lo que ellos harán nunca para plantar cara a la verdadera amenaza para la verdad en el siglo XXI, que no es la religión, sino la ‘dictadura del relativismo’, como Benedicto la llamaba. Había más humanismo en la valiente, y a menudo solitaria, batalla de Benedicto contra la actual tiranía del nihilismo que en la arrogante furia de los nuevos ateos contra la religión”.

“Quizás la intuición más importante de Benedicto es que esta dictadura del relativismo supone una negación de la Ilustración” (Brendan O’Neill)

“Benedicto dedicó su brillante mente a luchar contra el relativismo moral. Consideraba el relativismo, para el que el propio ‘concepto de verdad se ha hecho sospechoso’, el gran azote de nuestra época. Reprobaba ‘la masiva presencia en nuestra sociedad y en nuestra cultura de un relativismo que, ‘al no reconocer nada como definitivo, deja como última medida solo el propio yo con sus caprichos’. Decía que el desmantelamiento de la verdad, y aun de la realidad misma (véase la guerra del transexualismo contra la biología), por obra de las élites culturales, aunque se presente como ‘libertad’, en realidad tiene graves consecuencias destructivas y autoritarias. El ataque posmoderno a la verdad se acomete bajo ‘la apariencia de libertad’, decía, pero ‘se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio yo’”.

“Quizás la intuición más importante de Benedicto es que esta dictadura del relativismo supone una negación de la Ilustración. Demasiados derechistas y católicos tradicionales (…) culpan a la Ilustración de todos los males”. En cambio, “Benedicto veía más claro. Lo que presenciamos, decía, es ‘cómo la filosofía ilustrada se separa drásticamente de sus raíces’. Los racionalistas modernos nos dicen que ‘el hombre, en el fondo, no tiene libertad’, y también que ‘no debe pensar que está por encima de los demás seres vivos’, señaló Benedicto. (…) De modo que actúan ‘en contradicción directa con el punto de partida’ del pensamiento ilustrado”.

Este elogio de Benedicto no significa que O’Neill coincida con él en la fe. “No, yo no comparto la creencia de Benedicto en Dios. Yo soy ateo”. Pero coincide con Benedicto en la razón. “Este humanista ateo, por su parte, ha encontrado más motivos de aplauso en la razón respalda por ese Papa de Roma que en la mezquina antirreligiosidad de tantos doctos laicistas”.

Tomaba en serio a las mujeres

La periodista e historiadora italiana Lucetta Scaraffia, que fue directora del suplemento sobre mujer de L’Osservatore Romano, destaca en un artículo publicado en La Stampa que “la relación de Ratzinger con las mujeres, gran problema de la Iglesia en la época contemporánea, estuvo caracterizado por la valentía y la verdad”. Y añade que “de la misma manera nueva interpreta Ratzinger en sus obras la devoción mariana, que le ofrece la forma de defender con pasión el papel central de la mujer en el seno de la tradición judeocristiana: ‘Omitir a la mujer en la teología en su conjunto significa negar la creación y la elección (la historia de la salvación) y, por lo tanto, suprimir la revelación’”.

“Como mujer, nunca me trató con el paternalismo propio del clero y la jerarquía eclesiástica, sino que me escuchó con atención y respeto” (Lucetta Scaraffia)

Benedicto XVI, señala Scaraffia, subrayaba que hombre y mujer son iguales en esencia y en dignidad, y a la vez recordaba “la función de la diferencia entre los sexos como oportunidad de crecimiento y expansión: ‘El hombre fue creado con la necesidad del otro para que pudiera ir más allá de sí mismo’”.

“Todo esto se captaba al conocer personalmente al papa Benedicto y puedo dar fe de ello: como mujer, nunca me trató con el paternalismo propio del clero y la jerarquía eclesiástica, sino que me escuchó con atención y respeto. Todavía me emociono al recordarlo”.

Respeto y escucha

Otros testimonios muestran, como rasgo marcado de su personalidad, la actitud de respeto y escucha a los demás.

Lo resalta en una entrevista para ABC el cardenal Antonio Cañizares, ex prefecto de Culto Divino, que le conoció en una reunión internacional de comisiones episcopales de Doctrina de la Fe. “Era de una cordialidad exquisita. Prestaba total atención a cada una de las intervenciones y tenía en cuenta todas las aportaciones”. Más adelante resume: “Era un hombre muy cercano. Incluso teólogos que había llamado a la Congregación para dialogar sobre sus enseñanzas, se quedaban admirados del trato recibido. Recuerdo a un teólogo español, no diré el nombre, que fue citado por algunos problemas en sus escritos y después de hablar con el cardenal Ratzinger, me dijo: ‘Qué amabilidad, qué dulzura y qué pensamiento tan claro. Dice las verdades sin ofender, ni reñirte, sino todo lo contario, me he sentido acogido como creyente en la Iglesia’”.

También Mons. Fernando Ocáriz, prelado del Opus Dei, ha publicado en la web de esta institución unos recuerdos de Joseph Ratzinger: “Desde que le conocí personalmente en 1986, cuando comencé a colaborar como consultor de la Congregación para la Doctrina de la Fe, me llamó la atención su disponibilidad para escuchar a todos. Tuve la oportunidad de estar a solas con él en bastantes ocasiones, tanto por asuntos de la Congregación como por otras cuestiones. En esos encuentros nunca era él quien daba por terminada la conversación, o hacía notar que le esperaban otros asuntos. Edificaba percibir la gran consideración que le merecían las opiniones de los demás, aunque en ocasiones fueran distintas a las suyas. Se le podían exponer con toda tranquilidad pareceres contrarios y no se molestaba, a pesar de que vinieran de un interlocutor de menor edad, preparación o experiencia. Lo que realmente le importaba era la verdad”.

Un comentario

  1. No pasará mucho tiempo para que sea llevado a los altares no sólo como santo, sino como Doctor de la Iglesia. No sabría decir si en estos tiempos todavía se le puede nombrar Padre de la Iglesia pero ciertamente fue una portentosa columna de la Iglesia en estos tiempos en que muchos hubiesen querido que la Iglesia se desmoronara estrepitosamente

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