Nacidos Digitales: Una generación frente a las pantallas

Rialp. Madrid (2010). 246 págs. 18 €.

El 64 % de los adolescentes de 11 años navegan solos por Internet. En 2007 un 57,8 % de los hogares (según Red.es). La escuela primaria en España tiene 7,4 ordenadores por cada 100 alumnos. Cifras como éstas muestran un nuevo panorama que ha llevado al Instituto de Ciencias de la Familia de la Universidad de Navarra a publicar esta investigación principalmente de tipo sociológico.

Los autores han abordado globalmente el fenómeno de “las pantallas”: desde el teléfono móvil y la televisión, al ordenador (e Internet) y la videoconsola. Aporta también la novedad de estudiar conjuntamente los entornos familiar y escolar.

La parte central de esta monografía se centra en los datos recogidos por el proyecto Civértice sobre 10.394 chicos y chicas de 20 ciudades españolas entre 2005 y 2007.

El libro (coordinado por Xavier Bringué y Charo Sádaba) posee una clara unidad e hilo conductor, y presenta nueve capítulos relativamente independientes, obra de diez autores.

El capítulo I apunta, sin apenas dar datos, los temas que se van a desarrollar después, entre los que destacamos: pautas de consumo (con distintas variables), riesgos y protección, e intervención de los padres.

En el capítulo II se trata sobre el contexto cultural. Se subraya la exaltación de la libertad; el mayor poder adquisitivo; y la muy superior destreza en el manejo de las TIC por parte de la NetGeneration respecto de sus padres: “la brecha digital”.

“El contexto educativo: hijos de la LOGSE” es el título del tercer capítulo porque, como dice López Rupérez, “las leyes educativas producen un impacto lento, aunque cierto y acumulativo, sobre la realidad social”.

Los capítulos IV y VI son el núcleo central, estadístico-sociológico, de la obra. El primero, “La generación interactiva”, contiene amplia información sobre la muestra de la población, sus características y el uso que hacen de las TIC desde un punto de vista escolar y familiar. Es el más extenso. El VI, “Televisión: ¿ocaso o amanecer?”, analiza principalmente la repercusión del uso de Internet en el de la TV, aunque es más amplio.

El capítulo V se titula “La república independiente de mi dormitorio”. La reducción numérica de la familia conduce a que el adolescente de hoy con frecuencia dispone de dormitorio individual. Según Civértice, el 25,5% de los ordenadores se sitúan en el dormitorio. En este capítulo se tipifica al heavy user de las TIC, al screenager, que forma aproximadamente el 10% del alumnado de bachillerato, y que en muchos casos llega a la adicción. Es el último escalón de la bedroom culture que arrancó en los años 60. Por fortuna, al empezar la universidad el fenómeno disminuye notablemente.

El capítulo VII trata sobre la publicidad. Todo el mundo piensa que la publicidad influye en las compras de los demás, pero muy poco en las propias. El niño puede ser mero receptor de la publicidad, consumidor de los productos que se anuncian, comprador y propagador a otros de sus ventajas. El estudio estadístico sobre la procedencia de su dinero, su volumen, la tipología de las compras, quiénes influyen en sus decisiones, etc., es interesante. Como continuación, el capítulo VIII describe cómo el tipo de productos que compra el joven, las marcas, tienen una faceta de fuente de identidad: hay auténticas comunidades de marcas, con sentido de pertenencia, con sus ritos y usos, lealtad a la marca, eventos, etc.

El último capítulo aborda algunos puntos sobre el papel de la escuela y la familia. Arranca con una apología de las TIC para conseguir un aprendizaje autónomo. El problema es la falta de formación del profesorado, y su inercia al cambio, diagnóstico opinable. En cuanto a los padres, se destaca que el motivo de compra del ordenador para el hijo suele ser el didáctico. En cambio el uso educativo por parte del joven ronda el 5,3% y el cultural el 7%. Se utiliza principalmente para descargar música y películas, para mensajería, etc.

Otras veces se compra el ordenador para tener al hijo en casa, controlado, sin los peligros de la calle, pero puede ser contraproducente: hay que gestionar el ocio adecuadamente. Por último, se destaca la importancia de que el ordenador y la televisión se encuentren en algún lugar común de la casa y no en dormitorios.

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