Julio Borges: “Una elección medianamente equilibrada en Venezuela, Maduro la pierde”

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Julio Borges: “Una elección medianamente equilibrada en Venezuela, Maduro la pierde”
Julio Borges (foto: Aceprensa)

El expresidente de la Asamblea Nacional de Venezuela (2017-2018), Julio Borges, no está en la selecta lista de amigos a los que el presidente Nicolás Maduro enviará una cesta navideña. Está más bien en la de aquellos opositores a los que no ha podido echar garra.

Fundador del partido Primero Justicia, Borges ha sido una piedra en el zapato, tanto para el actual inquilino de Miraflores como para su antecesor, Hugo Chávez, ambos empeñados en desmantelar la democracia, y que han sumido al país sudamericano en la postración económica por vía de la corrupción y el “exprópiese”. Por denunciar sistemáticamente estos atropellos, al abogado y profesor venezolano ahora lo persigue, no la cesta de golosinas, sino una orden de captura emitida por el régimen de Caracas, que lo acusa de estar implicado en un amago de atentado contra Maduro en 2018.

Hablamos con el político venezolano en Madrid, a donde ha venido a promocionar su último libro: La posmodernidad en jaque (LibrosLibres, 2023), escrito a cuatro manos con el joven filólogo Javier Ormazabal. Los autores se acercan a las batallas culturales de la actualidad –las que se libran en torno a la familia, la educación, la política, las relaciones interpersonales…– y desentierran las raíces filosóficas de cada posición. Porque no: ninguna de las corrientes ideológicas asumidas paulatinamente en Occidente en las últimas tres o cuatro décadas han brotado del aire, ni están ordenadas necesariamente al bien.

Pero queremos saber de Venezuela, cuyo gobierno es noticia en estos días por su repentino interés por hacerse con el Esequibo, una enorme franja de territorio en la frontera con Guyana y un problema más de los que ha dejado el Reino Unido al marcharse de los territorios que ha colonizado. Sobre este y otros temas, como las elecciones presidenciales que deben celebrarse en 2024, Borges accede a ponernos al día.

La disputa por el Esequibo, con el referéndum organizado por el gobierno de Maduro, ha puesto de nuevo a Venezuela en el foco de atención. ¿Apoya la población ese reclamo en este preciso momento?

— Este es un tema con el cual todos los venezolanos hemos nacido y hemos sido educados. Es una disputa que tiene prácticamente más de un siglo, y en este momento Maduro parece adoptar una actitud más agresiva en la defensa de ese territorio. Lo que no sabe mucha gente es que si el Esequibo se encuentra ahorita en una situación tan frágil para Venezuela es, fundamentalmente, por responsabilidad de Maduro, porque como canciller y después como presidente dio totalmente luz verde a Guyana para que desarrollara ese corredor de salida al océano Atlántico y desplegara todos los proyectos petroleros que quisiera.

Ahora el gobierno se ha dado cuenta de que es una zona con enormes riquezas de todo tipo en la parte marítima (gas y petróleo) y en tierra firme (oro y otros minerales), que son muy demandadas. Y Maduro quiere presentarse como el gran defensor, cuando en realidad ha sido el gran causante de que se hayan desprotegido los derechos históricos de Venezuela sobre ese territorio.

¿Puede temerse una acción militar contra Guyana?

— No. Yo creo que Maduro simplemente va a ladrar mucho. Habrá mucha retórica, mucho grito, muchos golpes en la mesa, pero al final no va a hacer nada, entre otras cosas porque no puede. La situación de nuestra Fuerza Armada es muy precaria. La cúpula militar ha permitido que nuestro ejército se empobrezca, se desmantele, no cumpla con sus funciones, mientras los mandos se han dedicado a meterse en política, en negocios y en alianzas con el crimen organizado. El del Esequibo es un tema bien delicado, y ellos sencillamente lo utilizarán en la medida en que les dé rédito político, porque en pocos meses debe haber una elección presidencial. Maduro se va a asomar al precipicio, sí, pero no va a saltar.

“En cinco años se han ido al exterior más de 8 millones de venezolanos”

Y la gente de a pie, ¿qué piensa de este asunto?

— A la ciudadanía le preocupa y le duele la pérdida del territorio. Estoy seguro de que este es un tema que golpea a los jóvenes dentro de la Fuerza Armada. La cúpula militar ya se ha corrompido tanto que no han hecho nada en todos estos años por defender el Esequibo, y la gente sabe que quizás la única manera de realmente hacer algo por esa región es que salga Maduro del poder, porque nadie confía en que logre una mejor posición del país respecto a esos territorios.

Hace pocos años, la grave carencia de alimentos en el país fue motivo de interés mundial. ¿En qué medida pueden haber quedado atrás ciertas penurias, que ya no se habla de ellas?

— No se habla, entre otras cosas, porque se ha ido mucha gente. Cerca del 20% de los venezolanos se han marchado, lo que para Maduro es un negocio redondo: se va gente que se le opone, y personas que buscan oportunidades de trabajo y después envían dinero al país a modo de remesas para sus familias. Para Maduro, la emigración ha sido más bien un negocio político y económico.

Por otra parte, es importante saber que hay un abismo enorme entre la capital, Caracas, que más o menos tiene algún tipo de protección alimentaria o de servicios, y otras zonas del país, donde la situación en términos de empleo, ingresos, acceso a los servicios, etc., es absolutamente inhumana, lo que incide en que continúe el éxodo diario de venezolanos.

Solo por las fronteras con Brasil y con Colombia salen cada día cerca de dos mil personas. En cinco años se han ido más de 8 millones, lo que, honestamente, ha sido un terremoto para muchos de los países de la región. Llegó un momento en que más del 20% de la población residente en algunas islas del Caribe era venezolana.

Sin un “segundo petróleo” a la vista

Cuando se piensa en la economía venezolana, se piensa básicamente en el petróleo. Un país como Noruega ha desarrollado también esta industria, pero ha creado un fondo multimillonario con las ganancias generadas por los hidrocarburos, para cuando estos se agoten. ¿Qué tendría Venezuela para cuando esto suceda, o para cuando el petróleo deje de ser la fuente energética por excelencia?

— El petróleo comenzó a “germinar” en Venezuela, que era un país muy pobre, basado fundamentalmente en la agricultura, en los años 20 del siglo pasado. Hoy ese recurso es el único protagonista de la economía, si bien el país tiene que reconstruir prácticamente toda su fuerza petrolera, que el propio régimen de Maduro ha destruido. Se habla mucho del tema de las sanciones internacionales, pero antes de estas, la producción de crudo ya estaba completamente devastada. El problema de corrupción y de lavado de dinero a través de las empresas petroleras era más que conocido. Las sanciones vinieron más bien a castigar ese problema.

“Lamentablemente hoy somos, como hace más de cien años, absolutamente dependientes del petróleo”

Hoy por hoy, Venezuela no se ha preparado para tener un “segundo petróleo”. No lo hay. Prácticamente por lo que se apuesta es por ver si puede reconstruir la industria del petróleo y la dependencia de este, lo cual es una de las fallas históricas que tenemos, pues además, el nuestro es un crudo cada día más difícil de vender y de procesar, porque es muy pesado.

Al final, están tratando de perpetuar ese patrón que tenemos, de un Estado dueño del petróleo y dueño del ingreso. Es un problema estructural muy grave: un Estado que es dueño de la sociedad, por serlo del hidrocarburo y de los ingresos que genera. Lamentablemente hoy somos, como hace más de cien años, absolutamente dependientes del petróleo.

La depauperación económica se ha agravado mucho con Maduro, pero se entiende que venía de antes. ¿Se puede decir que este presidente es más incompetente que Chávez, o se trata de un problema del modelo que se ha aplicado desde que el chavismo arribó al poder?

— Son las dos cosas. Chávez tuvo la fortuna de que el petróleo llegara a 150 dólares por barril, y luego, a pesar de tener todo ese dinero, cuando compitió en las elecciones presidenciales contra Henrique Capriles (2012), hizo el mayor gasto público de toda la historia venezolana. Sacó dinero a la calle y creó un hueco económico que todavía se está pagando. Lo que ha hecho Maduro ha sido profundizarlo. En cuanto a la corrupción existente en tiempos de Chávez, su sucesor la ha multiplicado. El ingreso petrolero ayer y hoy se sigue manejando como una pulpería [pequeña tienda de alimentos], sin ningún tipo de control. El problema es de modelo y de corrupción,

Ya que hablamos de petróleo, Cuba, que ha sido una constante influencia para el régimen chavista, recibía en tiempos de Chávez hasta 100.000 barriles de crudo cada día. ¿En qué momento se encuentra esa relación?

— Venezuela nunca ha dejado de regalar recursos a Cuba. Cuando tenía abundancia, hablábamos de decenas de millones de dólares, pero incluso ahora que está de alguna manera en crisis económica, el régimen sigue enviándole diésel o gasolina permanentemente. No es una relación simétrica, sino de completa subordinación de Maduro a La Habana. La permanencia de Maduro es absolutamente existencial para la continuidad del régimen cubano.

Elecciones: una fuerte tendencia a favor del cambio

— Miremos ahora a 2024, año de comicios presidenciales. El Tribunal Supremo ha invalidado las elecciones primarias de la oposición venezolana, con lo que desconoce el triunfo de la candidata opositora María Corina Machado, arbitrariamente inhabilitada además. ¿Cómo puede un tribunal interferir en las primarias internas de una formación política sin que haya habido impugnación del resultado por parte de nadie de esa fuerza?

— Esa es precisamente la consecuencia de que no haya división de poderes. No hay ley y no hay Constitución: simplemente hay gente que cumple órdenes de Maduro.

El proceso de las primarias celebradas el 22 de octubre fue tan potente, que Maduro se dio cuenta de que ya hay una decisión del pueblo venezolano, sin que le importe contrariedad alguna, de ir hacia un cambio político en las presidenciales. Él sabe que tiene cero oportunidades de ganar, por eso continúa con su política de dividir, reprimir y tratar de frustrar a la gente. Pero creo que el espíritu a favor de un cambio es tan grande, que esa fuerza se va a multiplicar y va a crecer, sin lugar a dudas.

¿Es posible un resultado limpio en esas elecciones?

— Estamos de alguna manera convocando a la comunidad internacional, sobre todo a EE.UU., que está en una especie de cooperación o de negociación con Maduro, a que funja como garante. Washington tiene que utilizar la presión para que Maduro entienda que debe haber reglas claras. También debe hacerlo la Unión Europea, e igualmente los afines a Maduro, como los presidentes Gustavo Petro (Colombia), Lula (Brasil) o AMLO (México). Deben decirle que si no permite unas elecciones medianamente competitivas, su desprestigio y su deslegitimación serán aún mayores.

¿Y existe algún mecanismo eficaz para rehabilitar a María Corina Machado?

— En teoría, en esa especie de negociación entre EE.UU. y la dictadura, hay un compromiso para que no solo María Corina, sino todos los inhabilitados (y yo lo estoy, por 30 años) recuperemos la habilitación política. Parte de la negociación es que todas las inhabilitaciones deberían levantarse, y permitirse la observación electoral, el acceso a los medios, etc. Donde pueda celebrarse una elección medianamente equilibrada, Maduro pierde.

Usted menciona el factor Estados Unidos, que ahora mismo, con la guerra de Ucrania de fondo, está interesado en diversificar los proveedores de petróleo y gas, por lo que le ha “pasado la mano” un poco al régimen. ¿Pueden el pueblo y la oposición venezolana esperar algo más que palabras desde el Departamento de Estado?

— EE.UU. debería ser coherente en que la defensa de Venezuela, de Nicaragua o de Cuba es una defensa de principios, de valores, de la dignidad humana. No se trata de batallas en que lo que importa es la agenda política, o el pragmatismo de lo que puede obtener EE.UU. En ocasiones la historia ha demostrado que lo que pareciera ser más práctico y más barato termina siendo lo más caro y lo más doloroso, ¿no?

Si EE.UU. y el mundo libre no son en este momento capaces de mandar señales claras, de construir procesos, de ejercer presiones, de dar incentivos, etc., para que haya cambios en Nicaragua, en Venezuela o en Cuba, estarán suicidándose en términos de abrir las puertas a un retroceso democrático en toda la región, como lo estamos viviendo. Una región, subrayo, a la que le surgen hoy otros “aliados”, como los chinos, los rusos o los iraníes, y donde EE.UU. está perdiendo influencia de manera acelerada. Si no se da cuenta de que en su propia casa, que es América, todo el mundo está volteando, no democráticamente, hacia afuera de Occidente, EE.UU., con todo lo que ha significado para la libertad, y con su valor como referente de la democracia, estará cometiendo un suicidio masivo.

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