Rusia inacabada

TÍTULO ORIGINALLa Russie inachevée

GÉNERO

Hélène Carrère d’EncausseSalvat. Barcelona (2001). 332 págs. 3.200 ptas. Traducción: Marta García.

Este es un libro que combina historia política y cultura. Parte de una cita de Pushkin en 1822, «Rusia está inacabada», para mostrar que esa nación está todavía tratando de encontrar su lugar en Occidente. Aunque no se mencione en tales términos, asistimos a una resurrección del viejo debate de mediados del siglo XIX entre eslavófilos y occidentalistas y que pasa, en definitiva, por la contestación a la pregunta: ¿Rusia es Europa?

La respuesta de la autora, historiadora y académica francesa, es del todo afirmativa. De ahí que su exposición de la historia de Rusia haga especial hincapié en la labor de todos aquellos gobernantes reformadores que han intentado acercar su país a Occidente. Algunos se caracterizaron por un autoritarismo muy marcado, como Pedro I y Catalina II; pero otros, como Alejandro II, pese al mantenimiento del sistema autocrático, intentaron poner las bases de duraderas reformas sociales. Incluso Nicolás II es visto con buenos ojos por la autora, pues terminó por aceptar, aunque de mala gana, reformas como la Duma parlamentaria de 1905. Estaba en marcha un proceso de industrialización y los capitales extranjeros afluían a Rusia. Tarde o temprano, las reformas políticas graduales hubieran triunfado. Pero la guerra de 1914 y la revolución de 1917 frustraron estas expectativas. La implantación del sistema soviético es visto como un gran cataclismo, algo que alejó más todavía a Rusia de Occidente, pese a que su fundador estaba imbuido de ideologías de cuño occidental.

Compara la autora el régimen soviético a los siglos medievales del dominio de la Horda de Oro, cuando Rusia estuvo sometida a los tártaros que habían llegado de Asia central. Cuando ese dominio desapareció a finales del siglo XV, los zares trataron de tender puentes hacia Occidente. Hoy, tras el fin del dominio soviético que ocultó a Rusia bajo las siglas de la URSS, el país está tratando de recuperar su identidad. Hace diez años creía ingenuamente que con la adopción formal de un sistema pluripartidista y una economía de mercado, el camino hacia Europa estaba abierto. Esta decepción hace que una vez más oscile entre la atracción y el rechazo por Europa. Pero Rusia es consciente de su retraso y, pese a sus debilidades internas, la autora afirma que la mayoría de los rusos siguen esperando que una Rusia civilizada se incorpore por fin y de manera definitiva a las grandes naciones occidentales. Confían en que, tras una serie de frustraciones seculares, la modernización de Rusia termine por llegar. De ahí que al mirar al pasado, el mejor modelo siga siendo Alejandro II, y no Lenin.

Antonio R. Rubio

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